¿El cristiano debe temer lo que sucede en su Ciudad?

Es inevitable dolerse por lo que oímos, vemos, leemos, y en lamentables ocasiones, experimentamos en nuestra Ciudad.

La violencia y el crimen nos asechan todos los días. Son un monstruo que ya no se esconde tras el armario, sino que camina libremente a la luz del día sobre nuestras calles.

Como mexicano, esto me llena de dolor. Tengo que confesar que muchas veces el miedo se ha apoderado de mi alma tan solo al oír todo lo que acontece en tan solo un día. ¡Cuánto más en lo que lleva el año!

Pero, cómo cristianos, ¿deberíamos temer ante todo lo que acontece?

Contestar esta pregunta no es nada sencillo. Pues por un lado debemos admitir que la mayoría de las veces no podemos evitar sentir miedo. Y claro, esto es normal, pues vivimos en un mundo caído, donde el pecado deja sus estragos en cada lugar.

Pero, como hijos redimidos, aunque podamos sentir tal temor, no podemos permitir que éste invada la totalidad de nuestras vidas.

En un momento de caos y violencia en el pueblo elegido, Dios le habló al profeta Isaías de la siguiente manera:

“El Señor me habló fuertemente y me advirtió que no siguiera el camino de este pueblo. Me dijo: ‘No digan ustedes que es conspiración todo lo que llama conspiración esta gente; no teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar. Solo al Señor Todopoderoso tendrán ustedes por santo, solo a él deben honrarlo, solo a él han de temerlo’. Isaías‬ ‭8:11-13‬ ‭NVI‬‬.

Dios mismo reconoce que el miedo podría invadir el corazón de su profeta, por eso le da dicha advertencia y le recuerda que sólo a Él debe temerse en todo momento.

Dios conoce también nuestro débil corazón, y aún el cristiano más valiente puede ser invadido por tal temor; recordemos al profeta Elías, que después de enfrentar a un numeroso grupo de falsos profetas, huye despavorido ante la amenaza de Jezabel. Escondiéndose de ella en una cueva.

Sí, nuestros corazones son cobardes, pero eso no debe dar pie a que vivamos en la oscuridad del temor a los hombres, más bien, veamos a Dios, confiemos y temamos sólo a Él.

Alguien que tiene a Dios como el Ser más digno de ser temido, es una persona que difícilmente será dominado por el temor a los hombres.

Sí, la violencia y el crimen son cosas reales; pero la existencia y el dominio de Dios sobre Su creación es la realidad más grande de todo el Universo.

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Porqué no somos homofóbicos

El pasado 4 de julio varios medios publicaron una misma noticia. El titular que tenían en común informaba lo siguiente: “Cristianos asisten a marcha LGBT para disculparse por el trato que la iglesia ha dado a esta comunidad”. Este evento estuvo acompañado de abrazos y palabras de perdón. 

¿Es precisamente así como Dios nos ha llamado a responder frente a quienes nos son distintos, en especial, esta comunidad? Si es pensado como un acto para mostrar gracia, entonces la respuesta es sí. Pero compartir gracia sin compartir la verdad es una tarea incompleta.

… compartir gracia sin compartir la verdad es una tarea incompleta.

La Biblia expresa claramente los principios a tomar en cuenta si tenemos la oportunidad de compartir tiempo, palabras o una amistad con alguien que se identifica a sí mismo como parte de la comunidad LBGT. 

Te invito a que revises conmigo dichos principios:

1. La homofobia implica una falta de amor inclusive por mí misma. (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:39). Hemos sido llamados a tener cuidado por los demás con la misma medida de cuidado que tenemos por nosotros mismos.

2. La homosexualidad es pecado. (“No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación. Levítico 18:22). No es de aplicación exclusiva para los hombres. Se extiende hacia cualquier escenario en el que el ejercicio de la sexualidad no esté en conformidad con el diseño de Dios para ella.

3. Todos los pecados son iguales. (“Porque el que cumple con toda la ley, pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. Santiago 2:10). Así es que las “pequeñas trampas” y todo aquello que hacemos en lo oculto sabiendo que va en contra de la naturaleza de Dios es ante sus ojos igual que lo mencionado en el punto anterior.

4. Yo también soy pecadora. (“Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios. Romanos 3:23). Tan sólo vivir en este mundo automáticamente nos dota de una condición caída, por naturaleza alejada de Dios. Así es que nada de lo que hagamos con nuestras fuerzas nos pondrá en una posición de ventaja ante los demás.

5. Dios ama al pecador. (“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8). ¡No todo son malas noticas! Únicamente se había presentado el problema hasta aquí, lo cual nos preparó para experimentar el gozo de las buenas noticias: el amor perfecto enfocado en nosotros.

6. Hay esperanza para cada uno. (“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 1ª Juan 1:9). Todo lo que se requiere de nosotros es hablar, decirle a Dios lo que ha pasado, lo que hemos hecho, dónde hemos fallado, y confiar en el perdón que nos da por medio de Cristo. ¡Hasta dejar nuestro historial en ceros!

7. Dios quiere que todos sean salvos (“Él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. 2ª Pedro 3:9). Dios pasa más tiempo buscando el corazón de quienes se hallan lejos de Él que pensando en un castigo. Porque Él no se goza en ver al desobediente sufrir consecuencias, sino en verlo corriendo hacia sus brazos.

8. …y transformados. (“Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” 2 Corintios 5:17). Y en ese abrazo, recibiremos perdón y tendremos una nueva vida de la mano del Creador.

 

Quizás te sentiste tentado a saltarte alguno, como el 1, el 3 o el 4, pero no son más que un recordatorio de la posicióndesde la que hablamos y desde la que, en algunas ocasiones, señalamos.

La verdad dicha a medias y la gracia sin verdad no coinciden con el ejemplo de acción que Cristo nos ha dejado. Él enfatizó en la importancia de compartir el mensaje completo:“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Juan 8:32).

La verdad dicha a medias y la gracia sin verdad no coinciden con el ejemplo de acción que Cristo nos ha dejado.

Sobre la escritora:

Ana Claudée Galindo Flores es miembro de la Iglesia El Redentor, CDMX. Posee una licenciatura en Escritura Creativa y Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Se desarrolla como Correctora de estilo en la UNAM y dictaminor en Grupo Planeta.

El Dios extraordinario usando a personas ordinarias.

Al estudiar el Libro de Josué, vemos como el Dios de las Escrituras es el Dios quien dirige, controla y gobierna toda la Historia.

No solo de manera general, sino también individual. Es decir, Él no solo controla la Historia en un sentido Universal, sino que también gobierna la de cada uno de nosotros.

!Esto es glorioso! Y en esta ocasión veremos cómo Aquel Dios tan grande y poderoso usa a alguien tan pequeño y débil para el cumplimiento de su eterno Plan.

Por favor, acompáñenme a leer Josué capítulo 2, a partir del versículo uno:

Josué 2 Nueva Versión Internacional (NVI)

Luego Josué hijo de Nun envió secretamente, desde Sitín, a dos espías con la siguiente orden: «Vayan a explorar la tierra, especialmente Jericó». Cuando los espías llegaron a Jericó, se hospedaron en la casa de una prostituta llamada Rajab. 2 Pero el rey de Jericó se enteró de que dos espías israelitas habían entrado esa noche en la ciudad para reconocer el país. 3 Así que le envió a Rajab el siguiente mensaje: «Echa fuera a los hombres que han entrado en tu casa, pues vinieron a espiar nuestro país».

4 Pero la mujer, que ya había escondido a los espías, le respondió al rey: «Es cierto que unos hombres vinieron a mi casa, pero no sé quiénes eran ni de dónde venían. 5 Salieron cuando empezó a oscurecer, a la hora de cerrar las puertas de la ciudad, y no sé a dónde se fueron. Vayan tras ellos; tal vez les den alcance». 6 (En realidad, la mujer había llevado a los hombres al techo de la casa y los había escondido entre los manojos de lino que allí secaba). 7 Los hombres del rey fueron tras los espías, por el camino que lleva a los vados del río Jordán. En cuanto salieron, las puertas de Jericó se cerraron.

8 Antes de que los espías se acostaran, Rajab subió al techo 9 y les dijo:

—Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra, y por eso estamos aterrorizados; todos los habitantes del país están muertos de miedo ante ustedes. 10 Tenemos noticias de cómo el Señor secó las aguas del Mar Rojo para que ustedes pasaran, después de haber salido de Egipto. También hemos oído cómo destruyeron completamente a los reyes amorreos, Sijón y Og, al este del Jordán. 11 Por eso estamos todos tan amedrentados y descorazonados frente a ustedes. Yo sé que el Señor y Dios es Dios de dioses tanto en el cielo como en la tierra. 12 Por lo tanto, les pido ahora mismo que juren en el nombre del Señor que serán bondadosos con mi familia, como yo lo he sido con ustedes. Quiero que me den como garantía una señal 13 de que perdonarán la vida de mis padres, de mis hermanos y de todos los que viven con ellos. ¡Juren que nos salvarán de la muerte!»

Delante de nosotros se halla una historia un tanto extraña, pero al mismo tiempo, gloriosa.

Conforme a este texto, meditemos en tres puntos:

1- Un Plan Inquebrantable.

2- Un medio inusual.

3- Una salvación escandalosa.

Vayamos a nuestro primer apartado: UN PLAN INQUEBRANTABLE.

Josué, hijo de Nun, quien era el hombre designado por Dios para ayudar al pueblo de Israel a tomar posesión de la tierra prometida, mandó a un par de espías a la ciudad de Jericó, situada en Cisjordania, cerca del río Jordán, en Palestina.

Al proceder de esta manera, Josué refleja una excelente habilidad militar, ya que espiar la ciudad era una de las tácticas más usadas a la hora de conquistar un nuevo territorio. De hecho, Josué mismo fue un espía, enviado por Moisés antes de su muerte para reconocer Canaán.

Y él usa la misma estrategia, y por gracia divina, ésta fue exitosa. Ya que dichos espías obtuvieron la información que esperaban. Aunque corrieron el peligro de ser descubiertos, el Dios que controla la Historia los guardó a través de Rahab.

Sin embargo, todo esto qué Josué y el pueblo estaban haciendo respondía a algo mucho más grande que su habilidad militar o cualquier otro recurso humano: se debía a que Dios estaba ejecutando su Plan Inquebrantable.

Por eso Charles F. Pfeiffer (FiFa, o Fifer) afirma:

“Los pasos de los espías evidentemente fueron ordenados por el Señor.”

Esto es evidente, ya que incluso el Señor los preservó de ser capturados, y posteriormente ejecutados. Ellos fueron dirigidos a la casa correcta y con la persona designada por Dios para alentar sus corazones.

Pues este se trataba de un Plan que el Señor había determinado desde la eternidad, a saber, que un pueblo insignificante habría de ser bendecido por Él, para llegar a ser bendición de todas las naciones.

Y parte de ese plan era que ellos habrían de poseer la tierra prometida.

Y a pesar de todas las barreras que Israel enfrentaría para tomar posesión de dicha tierra, tal plan habría de cumplirse, pues todo habría de responder al Plan de Aquel que no solo determina la historia de Israel, sino la de todo el Universo.

Al pensar en esto, nuestras almas deberían descansar en el Dios de la Historia. Nuestros corazones habrían de confiar en Aquel que determina todo lo que habrá de acontecer desde tiempos eternos.

Tu vida no está dejada al olvido o en manos de alguien que juega con la suerte; por el contrario, estás bajo el cuidado del Dios que no puede ser estorbado o impedido al realizar lo que Él determina.

Israel habría de poseer la tierra, no porque fueran buenos, sino porque Dios estaba con ellos, y así Él lo había planeado.

De la misma manera, nuestro Señor cuida y dirige nuestras vidas.

Dios quiera que al meditar en esta profunda verdad, nuestros corazones puedan ser encendidos con el fuego de la esperanza.

No importa si las cosas no están saliendo como tu desearías, el Plan de Dios no ha sido estorbado aunque los tuyos lo sean. Pues el Señor es el único por naturaleza quien tiene un Plan Inquebrantable.

Ahora, este plan fue llevado a cabo a través de medios humanos.

Pero uno de estos medios no fue uno de una clase excelente o extraordinaria, sino de una poco usual.

Para considerar esto, pasemos a nuestro segundo punto: un medio inusual.

La historia que tenemos frente a nosotros Inserta a un personaje que el mismo Señor usó como parte de su Plan: a una ramera.

Rahab nos hace cuestionarnos cómo esta mujer pudo ser parte de los proyectos divinos, pero ahí está escrito, y no se puede borrar, como ciertos rabinos han querido hacer.

Como el comentario Moody aclara:

«Josefo y muchos escritores desde aquel tiempo han argumentado que Rahab era una posadera. Pero la palabra hebrea zônâ y la palabra griega pornē en la Septuaginta así como en hechos 11.31 y Santiago 2: 25 la califican como una prostituta común»

Sí, como lo vemos, ella fue parte de los proyectos del Señor.

Dios estaba trabajando con alguien que en nuestros días seria la persona menos adecuada para ello.

Por eso muchos han tratado de verla cómo simplemente una mesonera, pero el texto no nos permite respaldar tal afirmación.

Es como es.

Por eso el Dr. Bob Utley contundentemente afirma:

«El judaísmo posterior trató de hacerla una «mesonera» (Mag. 14b, 15a; Josefo; Rashi), pero esto es típico de sus intentos de quitar acontecimientos vergonzosos del AT (cf. Éxodo 32). El término definitivamente es «ramera». Este habría sido un lugar al que los espías podrían ir como extranjeros y qué los recibieran sin ser rechazados».

Para algunos en nuestros días como en tiempos antiguos esto es desconcertante. ¿Cómo puede una persona de esta clase ser parte de los planes divinos?

Pero, espera un momento; si revisamos el registro bíblico nos damos cuenta que aquellos que el Señor escogió para sus propósitos eran personas que en términos humanos no eran los mejores.

De hecho, hay cierto patrón: Dios usualmente usa a los menos usuales.

Y Rahab es uno de estos medios, uno de los más escandalosos en todo el Antiguo Testamento.

Y lo que más me llama la atención es que en sus palabras notamos no a una mujer ignorante de Dios, sino más bien a una mujer consciente del Dios del que hablaba.

Esto lo podemos ver claramente en el versículo 11 de capítulo:

«Yo sé que el Señor y Dios es Dios de dioses tanto en el cielo como en la tierra».

Sin duda, la vida de esta mujer estaba siendo cambiada por tal concepción.

Dios estaba trabajando en y a través de ella. Su vida estaba siendo moldeada a través del Dios de la historia, de tal manera que ella llegaría estar incluso entre la genealogía del Salvador.

Como Chester Mulder dice:

«¿Se valdría el Señor de una ramera … para cumplir sus propósitos? Probablemente el Señor no estaría tan interesado en lo que Rahab era como en lo que llegaría a ser. Ella vivía en medio de un pueblo corrompido, abandonado y promiscuo en grado sumo. Los vicios del carácter más degradante se practicaban y aprobaban. Rahab era parte de la sociedad que la rodeaba. Sin embargo, se estaba convirtiendo en una ferviente creyente en el único Dios verdadero. Su fe habría de tornarse inmortal (cf. He. 11:31); sus obras la harían digna de alabanza por todas las generaciones (cf. Stg. 2:25); y su nombre aparecería en la genealogía del Mesías (cf. Mt. 1:5). Dios realiza sus maravillas con aquellos que prestan atención a la revelación que El hace de Sí mismo. Algunos de aquellos que lo hacen proceden del “peor” lado de la vida (cf. 1 Co. 6:9–11; Mt. 21:32)».

Esto debería animar nuestro corazón, porque, para ser sinceros, en este lugar habemos personas poco extraordinarias. Poco perfectas.

Y si somos honestos, nos daremos cuenta que no somos muy diferentes a Rahab, pues nuestro corazón comúnmente se prostituye tras detestables ídolos.

Pero el Señor, puede usarnos a pesar de ello. Aunque Él trabajará en nosotros para destruir los horribles ídolos que se aferran a nuestros corazones.

El Señor no ha cambiado, Él sigue deleitándose en usar a aquellos que son poco probables para triunfar según la perspectiva de este mundo.

Sí, aún hay esperanza para ti y para mí. Él puede usarnos. No importa que te persiga un pasado tan vergonzoso como el de Rahab, el Señor trabajará en ti para que llegues a ser lo que su voluntad gloriosa ha determinado que seas.

No huyas avergonzado de Él, mejor refúgiate en Aquel que moldea la Historia y los corazones de aquellos a quienes usa.

Nos haría bien recordar las palabras del Apóstol Pablo:

«26 Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. 27 Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. 28 También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, 29 a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse». (1 Corintios 1:26-29 NVI).

Por último, tratemos con nuestro último punto: una salvación escandalosa.

12 Por lo tanto, les pido ahora mismo que juren en el nombre del Señor que serán bondadosos con mi familia, como yo lo he sido con ustedes. Quiero que me den como garantía una señal 13 de que perdonarán la vida de mis padres, de mis hermanos y de todos los que viven con ellos. ¡Juren que nos salvarán de la muerte!»

La fe de Rahab es como dijimos, inusual. Pero su salvación fue realmente escandalosa.

Esto por varias razones, pero solo deseo mencionar dos: primero, porque era una prostituta y segundo, porque fue la única junto con su familia quienes fueron rescatados de la muerte inminente.

Muchos son sorprendidos al leer esta historia, al ver cómo una mujer de la vida galante fue acogida por la gracia y no un guerrero o algún sabio.

Pero esta sorpresa es muy superficial y no toma en cuenta que no solo Rahab, sino que el resto del pueblo eran dignos del más severo castigo.

Cuando nosotros mismos leemos esta historia y nos causa problemas de consciencia moral, es porque no alcanzamos a percibir lo horrible que es nuestro propio corazón.

Llegamos a pensar que nosotros merecíamos más gracia que aquella prostituta. Por ello, para la mayoría esta es una salvación escandalosa.

Pero ponte a pensar, ¡La tuya también fue una salvación escandalosa!

Recuerda como tú te resistías al Señor. Haz memoria de los pensamientos tan perversos que tu mente maquinaba y te controlaban.

¿Puedes recordar como también tu corazón se prostituía vez tras vez con los ídolos de este mundo?

¡No lo olvides! ¡Y da gloria a Aquel que te salvo cuando eras un vil pecador!

¡No le robes la gloria al Señor al pensar menos en cuanto a tu pecado! ¡Reconoce que como Rahab, estabas perdido en las tinieblas de los deseos carnales, hasta que la luz de la gracia alumbró en las penumbras de tu alma!

Rahab fue salva por la sola gracia del Señor. Creo con todo mi corazón que su vida fue radicalmente transformada, y tan acogida por la gracia que llegó a ser tomada como parte del pacto del Señor.

Tanta gracia nuestro Dios mostró para con ella, que llegó a estar en aquella genealogía a través de la cual vendría Cristo mismo. Incluso en el Nuevo Testamento se lo nombra entre los héroes de la fe.

¿Es enserio? ¿Una antigua ramera es tomada como un ejemplo de honorífica fe?

Sí, ¡lo es! Y esto para que la gloria sea solo dada a Dios. El foco de la historia no se halla en Rahab sino en el Señor de la gracia.

¡Qué gloriosa historia! ¡Cuan grande es la gracia del Señor!

Si aún con todo esto, te ves a ti mismo como más justo que ella, es porque no han sido abiertos tus ojos a la santidad del Señor y a la suciedad de tu corazón.

Ruega al Señor este día, quizá halles misericordia y seas levantado del polvo como lo ha sido cada hijo del reino.

No olvides que el Señor no cambia, ruega al Señor de quien se dice:

«… es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión».

Recuerda la misericordia qué Dios mostró hacia Rahab, quien fue salvada sin merecerlo, al igual que cada uno de nosotros.

Y esto sólo es posible porque Cristo recibió el castigo que tú y yo merecíamos. La vida de Cristo en sustitución de la tuya; la vida de Cristo intercambiada por alguien como Rahab.

Deja que estas palabras calienten tu corazón hasta que toda tu resistencia se rinda ante la asombrosa gracia del Señor.

Gracia inmerecida para el más pequeño y débil de los hombres.

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« Señor y Dios, ¿quién soy yo, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar tan lejos?» 1 Crónicas 17:16 NVI

 

Estas palabras pronunciadas por David calan fuerte en mi corazón.

 

Hace años que dichas palabras atravesaron mi alma. Pues es como si el Señor me advirtiera no olvidar de donde Él me ha tomado.

 

Pocos conocen mi historia. La mayoría conoció a un Rafa alegre, sociable y hasta fluido en palabra; pero aquellos que estuvieron cercanos a mí en la adolescencia, saben que eso fue un cambio progresivo.

 

 

Temía estar frente a las personas, y sobre todo, hablar delante de ellas. Era un terror indescriptible.

 

En medio de tales circunstancias, el Señor me llamó a enseñar en la que entonces era mi iglesia.

 

No entendía ese llamado, ya que mi sueño siempre fue ser parte del grupo de alabanza, y fue en ese momento en que el Señor me escogió para ser maestro, ¡algo impensable para mí y para todos!

 

 

Mis primeras clases fueron realmente terribles. Dos ancianos me humillaron al cuestionar lo que podría enseñarles siendo apenas un joven.

 

Por algunos meses, regresaba a mi casa solo a llorar. No entendía lo que sucedía. Pensé: “Dios se ha equivocado conmigo”.

 

Pero nada más alejado de la verdad. El Señor sabía lo que Él estaba haciendo, y a mí para nada me gustaba: me estaba haciendo pedazos. Mi orgullo estaba siendo demolido.

 

Y fue así que entendí que lo que buscaba de mí el Señor no era un joven fenomenal, sino uno débil y roto, dejado a los brazos de la gracia.

 

 

El Señor estuvo conmigo, me dio gracia en cada clase, a pesar de mí nerviosismo extremo y frecuente tartamudez.

 

 

¡No sabía como, pero el Señor obraba a través de alguien como yo!

 

No, no siempre fui el chico de las clases abarrotadas de palabras; no fui siempre el joven de apasionada oratoria.

 

Fui y espero nunca olvidarlo: un joven tan frágil y poco brillante, que dudo mucho que alguien pudiese haber visto algo bueno en mí.

 

 

¡Ah, pero mi Señor vió barro en lo que muchos sólo veían polvo! Él no me dejó a mi suerte. Cuando me llamó, jamás fui abandonado, muy por el contrario, ¡en medio de mi debilidad Su gracia era perfeccionada!

 

 

Y es evidente que esta gracia sigue trabajando en mi terco corazón. Aún lucho. No ha terminado la batalla.

 

 

Quise expresar esta breve biografía porque quiero hacer saber a todo aquel que está leyendo esto que el Señor no ha cambiado, Él sigue deleitándose en usar a aquellos que son poco probables para triunfar según la perspectiva de este mundo.

 

 

Si tú estás leyendo esto y piensas que eso puede suceder con otros, pero no contigo. Déjame decirte algo: ¡estás en el lugar correcto!

 

Es cuando no tenemos nada en que confiar de nosotros que el Señor trabaja para que la gloria sólo sea para Él.

 

Piensa en todos aquellos héroes de la fe que se mencionan en las Escrituras. Eran personas poco sobresalientes: desde cobardes hasta una prostituta (Rahab).

 

Yo puedo contarme entre ellos; no en que me considere un héroe, sino que me identifico con su trasfondo: de ser nadie, pasaron a ser trofeos de la gracia.

 

 

Hoy, mientras escribo estas líneas, recuerdo una vez más esta gracia del Señor. La gracia que me levantó del polvo y la que  me sostiene hasta el día de hoy.

 

No tengo nada en que jactarme. Pues no tengo nada que no me fuera dado de arriba.

 

 

Escribo con lágrimas, pues aunque este año ha sido duro, el Señor no ha dejado de sostenerme. Él sigue trabajando en mí, ¡no me ha abandonado!

 

¡Qué la gloria sólo sea para el Señor!

 

 

¿Qué significa realmente “no tocar al ungido de Jehová”?

 

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” Pero David dijo a Abisai: No lo mates, pues, ¿quién puede extender su mano contra el ungido del Señor y quedar impune?”. (1 Samuel 26:9 LBLA)

 

Muchos se han hecho esta pregunta. Y para serles honesto, yo mismo luché con ella durante años.

Pues se me había enseñado vehemente (y lo había creído firmemente) que no «tocar al ungido del Señor»  significaba sencillamente que no debías cuestionar los actos y las palabras de cualquier líder espiritual, aunque este estuviera errado; debías callar y dejarlo en manos de Dios, pues fue Él quien lo eligió como tu líder.

Esta respuesta suena algo piadosa, pero, ¿es esto lo que realmente significa esta tan citada frase?

Después de reflexionar bien sobre esto, hemos llegado a la conclusión que esta respuesta no es la más adecuada.

 

Para sustentar lo antes dicho, necesitamos analizar este texto… Sí, a la luz de su contexto:

 

El relato lo podemos hallar en 1 de Samuel 26.

 

Ahí se nos narra como Saúl, lleno de celos, persigue a David, pues sabía muy bien que había sido ungido como el nuevo rey. Dios lo había elegido para sucederlo.

 

Avisado por algunos zifeos, Saúl se entera que David se escondía en el collado de Haquila, en Zif, así que Saúl va en su búsqueda junto a otros tres mil hombres. Por este dato, podemos saber que no va para hacer las pases, sino para asesinarlo.

 

Pero David se entera que Saúl se halla en el desierto de Zif, como unos espías le habían dicho.

 

Así que decide ir al sitio donde acampaba Saúl y todo su ejército. Lo acompañaba Abisai … y sucedió lo inesperado:

 

David y Abisai llegaron de noche al campamento, y he aquí, Saúl estaba durmiendo en medio del campamento, con su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y la gente estaban acostados alrededor de él. Entonces Abisai dijo a David: Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tu mano; ahora pues, déjame clavarlo a la tierra de un solo golpe; no tendré que darle por segunda vez”. (1 Samuel 26:7-8 LBLA).

 

Para muchos, este consejo de Abisai parece justo. Pues, Saúl (“el ungido”)  venía para matar a David, lo que menos se merecía era vivir, (hablando en términos humanos).

 

Pero David hace lo contrario al consejo de su colega:

 

Pero David dijo a Abisai: No lo mates, pues, ¿quién puede extender su mano contra el ungido del Señor y quedar impune?  Dijo también David: Vive el Señor, que ciertamente el Señor lo herirá, o llegará el día en que muera, o descenderá a la batalla y perecerá.  No permita el Señor que yo extienda mi mano contra el ungido del Señor; pero ahora, te ruego, toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonos”.

(1 Samuel 26:9-11 LBLA).

 

David, a pesar de mecerlo, no mató a aquel que con rabia buscaba su muerte. Entendió que si habría de ocupar el trono de Israel no sería a través del asesinato, sino por el decreto del Señor.

 

Su confianza no se hallaba en sus propias habilidades para ascender al trono, sino en Dios, quién lo había llamado. Por eso no se atrevió a echar mano de Saúl.

 

Por tanto, la frase: “No permita el Señor que yo  extienda mi mano contra el ungido del Señor” no se refiere a que debía de someterse a Saúl sin condiciones o a quedarse callado respecto al obrar de rey, pues en distintas oportunidades le había hecho frente verbalmente, pero jamás cedió al diabólico impulso de asesinarlo.

 

Así lo explica Juan Stam:

“Todo esto no tiene que ver con nada más que la violencia física y para nada prohíbe la crítica responsable o el dudar sanamente de pastores, profetas y otros líderes. No significa en absoluto que ellos sean intocables, a quienes hemos de rendir una obediencia ciega” (1).

 

Lamentable es, que muchos líderes religiosos por perpetuar su autoridad ante los feligreses, se atreven a usar este texto como un campo protector, haciéndose a si mismos  inmunes ante toda bíblica observación y sana crítica.

 

Y si alguien de los creyentes se atreve a cuestionar (BÍBLICAMENTE) sus enseñanzas, y aún su vida, la respuesta que estos reciben comúnmente es el rechazo y el mandato a callar, pues están “tocando al ungido del Señor”.

 

En marcado contraste a esta actitud tiránica, Augustus Nicodemus escribe:

 

“Los hombres de Dios, los verdaderos ungidos por Él para el trabajo pastoral, no responden a las discordancias, críticas y cuestionamientos callando la boca de las ovejas con `no me toquen que soy ungido del Señor´, sino con trabajo, argumentos, verdad y sinceridad”.  

`No toques al ungido del Señor´es una apelación de quien no tiene ni argumento ni ejemplo para dar como respuesta” (2). 

 

 

Esclarecido lo anterior, también debemos decir que toda critica o juicio hacia los lideres espirituales no debe ser hecha a la ligera, ni por asuntos meramente personales.

 

Todo juicio sano debe ser hecho con humildad y con el respaldo de las Escrituras. De otro modo, el juicio hecho no ayudará en nada, excepto en hacer relucir la falta de piedad y fundamento del crítico.

 

Creemos que las Sagradas Escrituras deben ser nuestro más grande argumento.

 

“Al juzgar, deberíamos estar en capacidad de apuntar a un versículo de las Escrituras o un principio bíblico que respalde nuestras opiniones. Pues en última instancia, nos interesa sacar a relucir lo que Dios ha revelado y no nuestras preferencias y convicciones personales” (3).

— Erwin Lutzer

 

 

 

 

Bibliografía:

  1. Juan Stam. (2017). “No toques al ungido de Dios”. 29 DE JULIO DE 2017 , de Protestante Digital Sitio web: http://protestantedigital.com/magacin/35649/No_toques_al_ungido_de_Dios
  2. Augustus Nicodemus Lopes. (2017). ¿Qué quiere decir “No toques al ungido del Señor”?. 27 septiembre, 2017, de Soldados de Jesucristo Sitio web: https://sdejesucristo.org/que-quieres-decir-con-no-toques-al-ungido-del-senor/
  3. Erwin W. Lutzer. (2004). Quién eres tú para juzgar. Grand Rapids, Michigan 49505: Portavoz.

¿Satanás archienemigo de Dios?

Una y otra vez se ha dicho que el Diablo es lo opuesto a Dios… Pero te invito a pensar detenidamente en esta frase y sacar conclusiones bíblicas.

¿Ya lo pensaste?…

Aquí nuestra respuesta:

Dios no tiene contrarios; Es decir, no hay ser opuesto a Él que contenga el mismo poder o iguale sus atributos para que pueda competir en su contra.

No hay nadie en lo absoluto quien pueda obstruir su plan y deshacer sus obras (Dn. 4:35). A nadie pide permiso para hacer según su beneplácito.

Como bien declara el salmista: “Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiere hace». (Salmo 115:3 BTX).

Tanto es así que, aunque los poderosos de la tierra y las naciones se amotinen contra Él, la respuesta Divina será una serena carcajada. (Salmo 2:1-3).

Bien ha dicho Lewis:

«No hay más ser no creado que Dios. Dios no tiene contrario, ningún ser podría alcanzar una perfecta maldad opuesta a la perfecta Bondad de Dios».

Al declarar esto, no pretendemos subestimar a Enemigo, ni mucho menos pensar de algún modo que no es culpable del mal que ha ocasionado, [que por cierto, será juzgado terriblemente]. Ver Apocalipsis 12.

Sin embargo, hemos elevado al “Adversario” a alturas que no le corresponden; habiéndole imputado atributos que él añora poseer pero de los que carece completamente. Su deseo de ser como Dios no deja de ser eso… un ilusorio deseo.

¡Para nada se le puede comparar con nuestro trascendente y soberano Dios!

Por estas y más razones:

  • Satanás es un ser creado; Dios es el Creador.
  • Satánas es finito; Dios es Infinito.
  • Satánas posee algunas habilidades; Dios goza de todas las habilidades en su potencia máxima.
  • Satánas tiene poder limitado; El poder de Dios desconoce limites.
  • Satánas no hace lo que desea; Dios hace lo que le place.
  • Satánas se disfraza como ángel de luz; más Dios es la Luz.
  • Satanás es temporal (es decir, tuvo un principio y tendrá un final). Sin embargo, Dios es YHVH: el que fue, es y será. El Anciano de días; El Eterno y siempre existente Señor.
  • Satánas es un microbio cósmico a lado de El Eloy, que traducido es, “Dios Altísimo” (Salmo 57:3).
  • Satánas ansía desperadamente adoración. Mientras que, Dios no necesita la adoración, sin embargo todo el universo le adora con sumo gozo.

Es más, Satánas sin quererlo hace lo que Dios ordena.

Pero muchísimo mejor que nuestras palabras, Juan Calvino ha escrito:

«El diablo y toda la compañía de los malvados están bien agarrados por la mano de Dios, como con bridas, de tal modo que no pueden concebir ningún mal y, si lo han concebido, no pueden desarrollar planes para ejecutarlos y, si han desarrollado sus planes, no pueden llevarlos a cabo ni mover un meñique a menos que Dios se lo mande, porque no están frenados, sino obligados a obedecerlo».

Un recorrido por los senderos bíblicos nos llevará inevitablemente a concluir:

Dios es el Creador y Sustentador de la Historia, aunque el Diablo y todo su arsenal infernal se levanten para planear un ataque contra Dios; Él tornará todo plan malévolo en su contra, en favor de sus propósitos divinos, para que así su gloria brille con más intensidad.

Unamos nuestra voz y corazón junto al Apóstol…

« Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén». Romanos 11:36.